La visión sociopolítica de Paul Elvere DELSART – Hacia una gobernanza planetaria participativa.pdf


Aperçu du fichier PDF document-pdf-sans-nom.pdf

Page 1 2 3 45617



Aperçu texte


El Reino se convertiría en pionero continental de la regeneración ecológica, capaz de exportar su saber hacer en
geoingeniería verde, al tiempo que desarrolla un agroturismo experimental basado en la belleza, la pedagogía y la
espiritualidad.
Pero este giro ecológico podría enfrentarse a la hostilidad de las grandes explotaciones agroindustriales, de las
empresas ligadas a las importaciones alimentarias o de ciertos socios comerciales. El interés general tendría entonces
que prevalecer sobre los intereses privados.
En el centro de esta transformación, una palabra clave: transmisión. La educación sería repensada como palanca de
transformación social. Las infraestructuras "LE PAPILLON SOURCE", a medio camino entre campus, oasis educativa y
lugar de vida, acogerían a jóvenes rurales, investigadores, inventores, artistas — tanto marroquíes como
internacionales.
Allí se aprendería no a reproducir, sino a reinventar: ingeniería sistémica, ecospiritualidad, cooperación, lenguas
antiguas y artes vernáculos.
Nacería una nueva forma de soft power marroquí, basada en la sostenibilidad, la belleza y la interconexión humana.
Los saberes ancestrales bereberes, árabes, andaluces, serían revisitados a la luz de los desafíos contemporáneos.
El reto, sin embargo, sería colosal: reformar un sistema educativo a menudo rígido, jerarquizado, e inadaptado a las
realidades rurales. Habría que formar docentes, reescribir los planes de estudio, cambiar incluso la finalidad de la
escuela.
En el plano económico, el giro sería igual de radical. El turismo de masas, concentrado en las ciudades imperiales y las
costas, daría paso a un turismo educativo, científico, espiritual. Se vendría a Marruecos no para consumir, sino para
aprender, meditar, crear.
Los municipios rurales se volverían financieramente autónomos, generando sus propios recursos mediante la
bioconstrucción, la permacultura y la artesanía tecnológica.
Se crearían miles de empleos, pero dentro de un marco cooperativo, donde la riqueza se comparte.
Los obstáculos, no obstante, serían considerables. Las inversiones iniciales para construir las infraestructuras, formar a
las personas y asegurar la transición energética serían significativas. Y los financiadores internacionales tradicionales
(Banco Mundial, FMI…) podrían mostrarse reticentes ante un modelo que no controlan.
Finalmente, en el plano geopolítico, Marruecos podría encarnar un rol inédito: el de puente entre continentes, de líder
moral dentro de una Unión Social Mediterránea.
Con socios como Túnez, Portugal o el sur de España, sería el motor de un altermundialismo mediterráneo, basado en
la paz, la cooperación cultural y la diplomacia ciudadana.
Ya no se trataría de alinearse con bloques de poder, sino de crear una vía intermedia: ni neoliberal ni autoritaria, sino
humanista, ecológica, enraizada y abierta.
Este reposicionamiento, sin embargo, podría provocar resistencias. Al cuestionar ciertos acuerdos económicos clásicos
o ciertas alianzas estratégicas, el país se expondría a presiones diplomáticas y económicas.
Si Marruecos abrazara la visión de Paul Elvere DELSART, no sería solamente un país en transición. Se convertiría en
un prototipo civilizacional, en una cabeza de puente hacia un nuevo mundo.
Pero este cambio requeriría tres cosas:
1. Una voluntad política fuerte y valiente.
2. Una movilización de las fuerzas locales: jóvenes, municipios, investigadores, emprendedores sociales.