La visión sociopolítica de Paul Elvere DELSART – Hacia una gobernanza planetaria participativa.pdf

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Pero los docentes, las universidades, los ministerios resistirían ante lo desconocido. Habría que transformar
profundamente las mentalidades, acompañar con formación masiva y sostener el proceso a lo largo de varias
generaciones.
Este país, al elegir el camino de Paul Elvere DELSART, no se limitaría a experimentar. Encarnaría una ruptura
histórica. Una alternativa tangible a la globalización neoliberal. Ganaría en autonomía, justicia social y cohesión
territorial. Reduciría sus desigualdades y sanaría su relación con lo viviente.
Pero también enfrentaría enormes turbulencias: presiones externas, resistencias internas, desafíos económicos. Su
éxito dependería de tres claves: la profundidad de su compromiso, su capacidad de adaptación y su fuerza en la
cooperación internacional.
Si este país resiste, no sería solo un laboratorio político. Sería el primer capítulo de un mundo que se reinventa.
Capítulo 3 – Marruecos, puerta del cambio
¿Y si Marruecos, cruce milenario entre África, Europa y el mundo árabe, decidiera abrazar plenamente el camino
propuesto por Paul Elvere DELSART y su programa EL4DEV? En un mundo en búsqueda de sentido, el Reino jerifiano
podría convertirse en el primer país en experimentar a gran escala este modelo utópico, sistémico y transformador. Una
apuesta audaz, sin duda — pero cargada de potencialidades inéditas.
¿Qué significaría concretamente esta elección para Marruecos, en sus estructuras, sus territorios, su pueblo?
La primera gran reforma afectaría al corazón mismo de la arquitectura del Estado: la gobernanza. El centralismo
histórico, heredado tanto de tradiciones monárquicas como de lógicas coloniales, daría paso a una nueva dinámica
participativa.
Los pequeños municipios rurales, durante mucho tiempo olvidados o dependientes de Rabat, se convertirían en nodos
de innovación territorial. Serían integrados en una Agrupación Nacional de Interés Económico y Social, un mecanismo
híbrido de codesarrollo que asociaría a ciudadanos, cargos electos locales, empresarios e investigadores.
El poder ya no descendería desde lo alto: circularía horizontalmente, en una lógica de inteligencia colectiva. Las
asambleas ciudadanas, los laboratorios locales de ideas, las cooperativas intermunicipales conformarían el nuevo
paisaje político.
A través de este modelo, Marruecos podría convertirse en una referencia africana en gobernanza descentralizada,
articulando tradición, participación y resiliencia.
Pero un giro de tal magnitud inevitablemente chocaría con las estructuras establecidas. El Majzén, los ministerios, los
cuerpos prefecturales — todos podrían percibir esta descentralización como una amenaza a su autoridad. Serían
inevitables las tensiones. El éxito dependería de una mediación política hábil y de una voluntad clara desde la cúspide
del Estado.
Desde el Haouz hasta los confines saharianos, emergería otro Marruecos. Allí donde la desertificación amenaza,
echarían raíces las Calderas Vegetales. Estos ecosistemas artificiales pero vivos, que combinan geoingeniería suave,
agricultura regenerativa y arquitectura vegetal, reverdecerían las tierras áridas.
La agricultura tradicional, a menudo sometida a las inclemencias del clima y a las presiones del mercado global, daría
paso a una producción local, sostenible, nutritiva y autónoma.