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El Imperio Verde de Oriente y de Occidente - Un proyecto ante todo cultural, simbólico, editorial
y profundamente filosófico – Paul Elvere DELSART

Soy Paul Elvere DELSART. Este proyecto que llevo no es un simple programa de desarrollo ni una
empresa convencional. Es ante todo cultural, simbólico, editorial y profundamente filosófico. Lo que
propongo, lo que construyo, se inscribe en un proceso de transformación de las conciencias y de los
imaginarios. Se trata de reinventar la forma en que los pueblos dialogan, cooperan y construyen su
porvenir, no a través de las instituciones tradicionales ni de las lógicas de poder establecidas, sino
mediante el poder de las ideas, de los relatos y de las dinámicas sociales inclusivas.
Este proyecto, encarnado por el universo del Imperio Verde de Oriente y de Occidente y su versión
operativa que es la Confederación EL4DEV, se dirige directamente a los individuos, a las pequeñas
municipalidades, a los colectivos informales, a los soñadores despiertos y a los actores de terreno que
desean construir un mundo más justo, más ético, más solidario. El objetivo no es solamente reunir, sino
también hacer hablar, hacer reaccionar, provocar a veces posturas fuertes, incluso polarización, porque
es en esta fricción de ideas donde puede nacer una dinámica verdaderamente transformadora.
Este choque inicial, esta efervescencia provocada voluntariamente, no es gratuita. Es una herramienta
estratégica para despertar conciencias, romper la indiferencia y forzar el debate sobre temas
fundamentales. Esta fase de cuestionamiento, a veces incluso de confrontación intelectual o simbólica,
prepara el terreno para una dinámica de unión más profunda, más duradera, que se apoya en los
valores compartidos, las aspiraciones comunes y la voluntad de actuar juntos por el bien común.
No espero que las élites institucionales validen o acompañen esta primera fase. No lo necesito ni lo
pretendo. Su adhesión, si debe producirse, llegará más adelante, cuando el movimiento haya tomado
suficiente impulso, envergadura, legitimidad popular e intelectual. Este proyecto no busca permiso para
nacer, ya se encarna en acciones, en relatos, en infraestructuras, en alianzas territoriales concretas, en
una estética nueva y en una diplomacia de la inteligencia colectiva.
La estrategia se basa en la creación de un universo coherente y transmedia, poblado de relatos
utópicos, de símbolos fuertes, de infraestructuras experimentales, de tecnologías sociales y de
procesos de aprendizaje colectivo. Es un juego serio en realidad alterna, pero también es una
arquitectura muy real de transformación social, ambiental y geopolítica. A través de mis obras literarias,
mis conceptos urbanísticos, mis modelos de cooperación territorial, mis Calderas Vegetales y mis
ciudades agroclimáticas, construyo una visión tangible de otro futuro, de un nuevo contrato social
mundial.
Este proyecto no está en venta, no está en alquiler, está para ser vivido. Está para ser encarnado.
Invita a cada uno a convertirse en un actor de la Historia, un constructor de paz, un diplomático social,
un creador de posibilidades. Este proyecto es una obra de arte colectiva, una obra política en el sentido
noble del término, también una obra espiritual, porque coloca en el corazón de toda acción la dignidad
humana, el respeto por lo vivo, la inteligencia del corazón y la soberanía de los pueblos.
Estoy convencido de que es por medio de la cultura, de la simbología, de la emoción, del lenguaje, de
la estética y del pensamiento como se pueden trastocar las certezas e iniciar las mutaciones más
profundas. Mi proyecto no es entonces solamente un programa, es una profecía en construcción, un
espejo tendido a nuestras sociedades y una invitación permanente a pensar de otra manera, a sentir de