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Cómo fundar la nueva sociedad civil mediterránea: el contrato social mediterráneo

Es necesario establecer una reglamentación. Pero, ¿es posible una reglamentación internacional sin un
estado internacional? Sí; esta se basaría en un contrato social de nueva índole con su propio sistema
de valores. Este contrato social y su sistema de valores se fundamentarían en una concepción
específica de las nociones de valores y razón grabadas en las conciencias humanas. Este concepto de
contrato social se basaría en el consentimiento de los individuos y los comprometería.
Una sociedad civil territorial sería, por lo tanto, un proceso participativo, localizado en un territorio, a
través del cual los individuos acuerdan entre sí y con los centros de autoridad económica y política (que
incluyen instituciones y empresas). Representaría una actividad de autoorganización orientada a fines
específicos relacionados con valores humanos y sociales progresistas.
Por sociedad civil se entiende siempre autonomía y autoorganización. Sin embargo, no se debe olvidar
la comunicación y la transparencia, dos componentes fundamentales de un sistema cibernético
equilibrado. En la sociedad civil territorial ideal, se observa lógicamente un ligero retiro del Estado en
sus roles habituales y, sobre todo, la creación de islas de compromiso cívico que operan en simbiosis
con el Estado (los pueblos y los dirigentes actúan y evolucionan en la misma dirección). Estas islas
perfectamente organizadas son generadas por dinámicas locales de progreso. El desafío es crear una
comunidad basada en la ética, es decir, la moral, el intercambio y el respeto. Todas las sociedades del
mundo (occidentales y no occidentales, del norte y del sur) tienen ampliamente el potencial para
experimentar algo similar.
¿Por qué razón? Simplemente porque todas las culturas poseen tradiciones de dignidad humana,
tolerancia, uso de la razón y deliberación pública.
¿En qué medida puede la sociedad civil mundial convencer a los Estados y sus pueblos de adoptar un
marco alternativo multilateral para abordar los problemas esenciales? Simplemente no hay otra salida
que intentar establecer un conjunto de normas mundiales basadas en la ética.
El único medio para lograr este consentimiento de las masas es centrarse en el ámbito local mediante
una experimentación en tiempo real llevada a cabo por los actores de cada territorio en todo el mundo y
luego compartir masivamente estas experiencias a través de un potente sistema de información con
arquitectura distribuida, es decir, utilizando la tecnología blockchain.

¿Pero qué deberíamos experimentar en realidad?

Se trata simplemente de experimentar los beneficios reales que estas normas éticas podrían generar
en los territorios (es decir, obtener visiones de muestras locales de modelos socio-político-económicos
y comportamentales más equilibrados, sostenibles y justos, y luego experimentar una espiritualidad en
el corazón de la economía y las gobernanzas locales). Esto inevitablemente crearía lo colectivo en
cada sociedad al revelar un número continuamente creciente de actores del cambio positivo.